En la Conmemoración de todos los fieles difuntos rezamos por nuestros amigos y familiares que han partido. Dice el Evangelio, tomado de San Juan 14, 1-6:
«Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy.»

Hermanos, el cielo es nuestra meta y el propósito de nuestra vida. Todo lo que hacemos y decimos debe acercarnos más a la vida eterna. Fuimos creados para vivir con Dios y el Bautismo es el comienzo de esta peregrinación, donde nuestro ser interior siente atracción por una vida más cerca del Señor.
Dice Henri Nouwen, en su libro El regreso del hijo pródigo: “Estoy llamado a entrar en mi propio santuario interior donde Dios ha elegido hacer su morada. La única forma de llegar a ese lugar es rezando, rezando constantemente. El dolor y las luchas pueden aclarar el camino, pero estoy seguro de que es únicamente la oración continua la que me permite entrar allí.”
Hoy reconocemos que, en Cristo, debemos ser purificados de todo pecado para poder llegar un día a su presencia. Hoy rezo particularmente por nuestro amigo y hermano Manolo Bou, fallecido hace tan sólo una semana. Fue un gran servidor de Cristo en esta parroquia y todos los lugares a los que fue llamado. Damos gracias a Dios por su vida y pedimos por su familia, para que, siguiendo su ejemplo de vida, se entreguen cada vez más a una vida de servicio.
Padre amado, te pedimos que dirijas tu mirada hacia nuestros hermanos y hermanas que se nos han adelantado y que anhelan estar contigo, permíteles contemplar la gloria de tu rostro.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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