El nuevo templo anunciado por Dios se cumplió en Jesucristo, porque su propio cuerpo era el “templo” que fue destruido y luego “levantado” por el poder de Dios. Dice el Evangelio de hoy, tomado de San Juan 2, 13-22: «Pero Él hablaba del templo de su cuerpo.»

Ahora bien, los miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, o sea nosotros, somos piedras vivas en la construcción del templo santo. Dice la segunda lectura: «… el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros» (1Corintios 3, 17).
Esto es lo que recordamos hoy al celebrar la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, en Roma. Ésta es la sede (catedral) del Obispo de Roma (el Papa), y la “Madre y Cabeza” de todas las iglesias del mundo. Está dedicada a San Juan el Bautista y a San Juan Evangelista, y se erige como símbolo de persistencia para toda la Iglesia.
Es más que un simple edificio, la Basílica de Letrán nos recuerda la fidelidad eterna de Dios con su pueblo. Dice el Salmo 45: «El Señor de los ejércitos está con nosotros.»
Hermanos, la Iglesia está formada por gente imperfecta. Los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, laicos, o sea, todos, tenemos defectos. Los que la dirigen también son tentados y necesitan nuestras oraciones.
Criticar es fácil, pero qué tal si le decimos a nuestro obispo y a nuestro párroco que estamos rezando por él y su servicio. Y más que pedirle algo, darle las gracias por todo lo que hace y animarlo a seguir adelante.
En los próximos meses, el Santo Padre escogerá algunos nuevos obispos para Puerto Rico. Nuestro deber es orar para que se cumpla la voluntad de Dios.
Dice el Papa León: “La grandeza de un obispo no está en los títulos, sino en su corazón.”
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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