Jesús quiso fundar su Iglesia sobre seres humanos imperfectos, de carne y hueso. Para pertenecer, no hace falta traer un certificado de buena conducta. Inclusive, para recibir la bendición sólo hace falta desearla.

Observamos que artistas, deportistas y hasta políticos son más escuchados que la Palabra de Dios. En las iglesias se ven espacios vacíos y nos preguntamos ¿por qué?
Pienso que buscamos las razones fuera de nosotros mismos y nos gusta echar culpas. Nos quejamos de que los demás no sean tan buenos y perfectos como nosotros, y espantamos a la gente que quiere acercarse.
Recientemente, alguien me compartió que no asistía a la Iglesia por los juicios que se hacen contra su persona. Que prefería rezar en su casa.
Hermanos, me parece que, si aún tenemos espacios vacíos, todos tenemos algo de culpa. Se nos olvida que TODOS los bautizados somos parte de la Iglesia, así que, a la hora de juzgar las faltas del otro, tenemos que mirarnos por dentro.
Recordemos que nuestra debilidad humana la llevamos a todas partes. Por lo tanto, cuando formamos Iglesia traemos nuestros defectos, es decir, nuestra humanidad. Eso, en vez de avergonzarnos nos debería alegrar, porque TODOS podemos formar parte. Si Jesús hubiese elegido sólo a los ‘perfectos’ entonces, tú y yo definitivamente estaríamos fuera.
No nos gusta ser corregidos, pero nos gusta corregir y opinar sobre todo, hasta de lo que no conocemos. Las redes están llenas de eso.
Jesús mira el corazón, mientras nosotros miramos las apariencias. Una gran diferencia.
Dios quiere llevarnos a una sabiduría que nos permita descubrir su voluntad en todo. Al final, somos TODOS simples cristianos, que luchamos por alcanzar la santidad.
Dice San Pablo en la segunda lectura de hoy, tomada de Colosenses 3: «Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.»
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

Tienes algo que decir
Te invitamos a comentar, aportar, sugerir, elogiar, objetar, refutar... sobre los temas y artículos que aquí presentamos.