En el Evangelio de hoy, San Lucas 12, 32-48, el mensaje es claro: «Estad preparados.» Y, ¿cómo me preparo? Pues el Santo Padre nos ha dado la clave.

La semana pasada, el Papa León se reunió con alrededor de un millón de jóvenes en Roma y en la homilía de la Misa de clausura del Jubileo, les dijo:
“Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa… Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.”
Palabras que nos aplican a todos, incluidos los jóvenes de corazón.
Hermanos, allí donde no se fomente la unidad, no está Dios. Donde se fomente la división, el discrimen, el abuso, la burla o la venganza, aquello ciertamente no es de Dios. Podemos buscar todas las justificaciones que queramos, pero allí no está Dios.
Permanecer en amistad con Dios es esencial para crecer en la vida espiritual, mientras, el fanatismo y el extremismo nos separan de Él. Fijémonos lo fuertemente que Jesús criticaba a los fariseos. Éstos aparentaban rigurosidad y cumplimiento, pero en el fondo eran hipócritas. Sólo aparentaban ante los demás, para llamar la atención.
Reflexionemos: ¿Tengo yo actitudes de fariseo? ¿A qué cosas le doy importancia en mi vida? ¿A qué le dedico más tiempo? ¿Qué defiendo? ¿Vivo para criticar? ¿Cuánto tiempo le dedico a la oración y al servicio?
Dice la Palabra: «… haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.»
Jesús, ayúdame a estar preparado para tu regreso.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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