Hoy celebramos la Jornada Mundial de Oración por los Abuelos y Personas Mayores, bajo el lema: “Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza” (cf. Si 14, 2). La ocasión pretende revalorar a quienes son los primeros encargados de orientar la fe dentro de los hogares.

Dice el Papa León en su mensaje: “El amor por nuestros seres queridos, -por el cónyuge, con quien hemos pasado gran parte de la vida, por los hijos, por los nietos que alegran nuestras jornadas- no se apaga cuando las fuerzas se desvanecen. Al contrario, a menudo ese afecto es precisamente el que reaviva nuestras energías, dándonos esperanza y consuelo. Estos signos de vitalidad del amor, que tienen su raíz en Dios mismo, nos dan valentía y nos recuerdan que «aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día» (2Co 4, 16).”
Les cuento que Mari Carmen y yo tenemos la bendición de ser abuelos. En la sonrisa de cada uno de nuestros nietos encontramos la bondad y la ternura de Jesús. Para nosotros, los abuelos, cada nieto es especial y ha llegado para alegrar nuestras vidas.
Por otro lado, en el Evangelio de hoy, tomado de San Lucas 11, 1-13, dice: «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…»
Jesús quiere animarnos a pedir con confianza. Pues cuando acudimos a Él, no solo reconocemos nuestra pequeñez y dependencia, sino que nos vamos acercando a su Sagrado Corazón y aprendemos a confiar más en su Providencia.
La lectura termina así: «¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»
Señor, enséñame a pedir y a confiar. Gracias por tu inmensurable bondad y misericordia.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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