“El sufrimiento nos sitúa en la cruz; unos piden bajarse de ella, otros piden subir al cielo; es toda la diferencia que hay entre el mal ladrón y el buen ladrón.”

Esta profunda reflexión pertenece al escritor francés André Frossard, convertido milagrosamente del ateísmo al catolicismo, fallecido en 1995. Esta es una de sus citas más famosas y se encuentra en su obra “Dios en preguntas”.
Muchos santos han señalado que el Calvario es el lugar de encuentro humano y divino. Pero hay una gran diferencia entre quienes sufren con Cristo (redención) y quienes sufren sin Cristo (desolación, angustia, desesperación). Por eso necesitamos unir nuestro dolor al suyo.
La cruz no es absurda ni masoquista cuando se vive con propósito, pues el Viernes Santo culmina en la Resurrección. Abrazar la cruz es sufrir de manera redentora. Recordemos que Jesús asumió todo el dolor humano, permitiéndonos encontrarle sentido al nuestro.
Me pregunto, ¿por qué todavía no entendemos del todo el valor de aquel sacrificio? Les dejo esa pregunta para reflexionar.
Por otro lado, el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo 10, 26-33, repite en cuatro ocasiones una potente frase: «No tengáis miedo». Frase que varios Papas han repetido hasta el cansancio.
Hermanos, a todos nos ocurren cosas inesperadas y graves, y podríamos sentir miedo. Quizás, al extremo de olvidarnos de que Jesús camina con nosotros y que estamos llamados a ofrecer nuestro sufrimiento.
Recientemente, un amigo me contó un problema grave que está experimentando. Gracias a que es una persona de oración y Misa diaria, desde el primer momento se lo ha ofrecido al Señor. No es que no sufra, es que camina sabiendo que no está solo y la cruz se hace más liviana.
El mundo nos dice que seamos autosuficientes, pero Jesús quiere que mantengamos la mirada fija en Él, sin miedo.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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