Dijo recientemente el Papa León: “… la plenitud del Espíritu Santo nos da entusiasmo, fuerza y la capacidad de seguir a Jesucristo, de decirle ‘Sí’ al Señor siempre y de no tener miedo de seguirlo con valentía, de vivir la fe en un mundo que tantas veces quiere llevarnos lejos de Jesús”.

Hoy, cincuenta días después de la Resurrección de Jesús, celebramos la Solemnidad de Pentecostés. El Evangelio del día está tomado de San Juan 20, 19-23 y dice: «Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo».
Les cuento que esta es una de las celebraciones que más me emocionan, porque me hace experimentar la cercanía de Dios. Me doy cuenta de que las cosas que veo como imposibles, por mi fragilidad y pequeñez, serán posibles por el poder y la gracia del Espíritu Santo.
Recuerdo que durante mi quebranto de salud hace un par de años, había momentos en que no tenía deseos de orar. El malestar era tanto que sólo quería estar acostado y nada más. Muchas veces le pedí ayuda al Espíritu Santo y este no tardó en venir en mi auxilio y mi oración fluyó. Mi corazón, poco a poco, se fue llenando de paz y tranquilidad. Sentía que Él me acompañaba en aquel momento de incertidumbre. Logré, por obra del Espíritu Santo, profundizar en mi oración y en mi cercanía con Él.
Hermanos, el Espíritu Santo es el que nos hace partícipes de la vida de Dios y nos capacita para vivir como templo suyo. Además, hoy celebramos la venida gloriosa del Espíritu Santo sobre la humanidad y el nacimiento de la Iglesia. Es el amor divino que fluye entre el Padre y el Hijo, y es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
Pídele al Espíritu Santo que te haga dócil a la voluntad del Padre y puedas así abandonarte con humildad y confianza en sus manos. Permite que se derrame sobre ti hoy con sus siete dones, ábrele tu corazón y recíbelo con alegría.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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