Por el cuidado del agua

El 25 de febrero de 1858, a orillas del río Gave, una niña de catorce años se arrodilló frente a la gruta de Massabielle con unas trescientas personas observándola. Era la novena vez que se encontraba con la Virgen. Aquella mañana, la Señora le dijo: “Ve a beber a la fuente y lávate allí”.

Por el cuidado del agua

Bernadette miró alrededor. Tierra seca y piedras. Caminó hacia el río, pero la Señora le señaló el suelo de la gruta. La niña se puso de rodillas y empezó a escarbar con las manos. Salió un hilo de agua turbia. Bebió de ese barro, se lo pasó por la cara, arrancó unas hierbas y las masticó. Desde afuera, la gente creyó que se había vuelto loca.

El agua llevaba siglos ahí abajo. Hizo falta que una niña pobre metiera las manos en la tierra para abrirle paso.

Este mes de septiembre, el Papa León XIV nos pide rezar por el cuidado del agua: “Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella”.

Era mediodía en Samaria. Jesús viene caminando desde Judea, se sienta junto al pozo que Jacob dejó a sus hijos, y los discípulos se van al pueblo a buscar comida. Llega una mujer con su cántaro y Él le dice: «Dame de beber» (Jn 4,7).

El Hijo de Dios, sentado al borde de un pozo lleno, con sed, esperando que alguien le alcance el agua. La mujer se lo hace notar con toda naturalidad: «el pozo es hondo y no tienes con qué sacarla» (Jn 4,11).

Ahí queda descrito, con veinte siglos de anticipación, uno de los problemas del agua en el mundo. Muchas veces, el agua existe. Lo que falta es la cuerda y el cubo.

Y entonces Jesús invierte la escena: pide primero y ofrece después. A la mujer que tiene el cántaro le habla de un agua que salta hasta la vida eterna, un agua que ella podría pedirle a Él. En otra parte, Jesús le explica a Nicodemo que quien no «nazca de agua y de Espíritu» (Jn 3,5) no puede entrar en el Reino. Esa es una referencia al Sacramento del Bautismo.

Jesús también, al describir el juicio de las naciones, vuelve a colocarse del lado del que pide: «tuve sed y me disteis de beber» (Mt 25,35). Habla en primera persona. El vaso que alguien le alcanzó a un desconocido llegó a sus labios.

Y lo último que dice de sí mismo, clavado en la Cruz, cabe en dos palabras: «Tengo sed» (Jn 19,28).

Cristo con sed junto a un pozo de Samaria. Cristo con sed en el Calvario. Cristo con sed hoy, en la garganta de quienes caminan kilómetros con un bidón vacío. Es la misma sed.

El Papa Francisco escribió en Laudato si’ un pasaje que se balancea entre la teología y el derecho internacional: “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal”. Y añadió que este mundo tiene “una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable”. Una deuda. Algo que se debe y está pendiente de pago.

El 1 de septiembre la Iglesia celebra la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. En su mensaje, el Papa León XIV habla de la guerra y de la tierra, y el agua aparece entre los recursos esenciales que los conflictos armados contaminan. Es una línea en medio de un texto sobre espadas convertidas en arados.

San Francisco de Asís la incluyó en su Cántico a las Criaturas: “la hermana agua, la cual es muy humilde, y preciosa y casta”. Humilde y preciosa al mismo tiempo. Se deja derramar, se acomoda a la forma del vaso que la recibe, y de ella depende todo lo que respira.

Jesús le puso premio eterno a la cosa más pequeña y humilde: «un vaso de agua fresca» dado a uno de estos pequeños (Mt 10,42). Prometió que quien lo dé tiene su recompensa asegurada. Un vaso de agua. Ese es el precio de entrada a esa promesa.

Lo que el Papa nos pide en su intención cabe en gestos pequeños: vivir con sobriedad y sostener a quienes trabajan para llevar agua limpia donde falta.

Me resulta interesante la “dioscidencia”, pero el Papa León XIV visitará el Santuario de Lourdes cuando viaje a Francia a finales de este mes. El Santo Padre orará en aquella gruta donde una niña escarbó el barro con las manos y dejó abierto un manantial del que todavía hoy bebe todo el que llega.

Acompáñame a orar con las palabras que el Papa León XIV nos comparte este mes:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor de la Vida,
Tú nos diste el don del agua,
fuente de fecundidad, frescura y esperanza.
Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.

Te damos gracias porque también
ella es símbolo de tu gracia y de tu amor
que nos renueva por medio del Bautismo.
Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarla
con gratitud, justicia y responsabilidad.

Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,
olvidando que es un regalo universal,
un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.
Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanas
que no tienen agua limpia,
que caminan kilómetros para encontrarla,
que enferman por su escasez.

Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,
capaces de vivir con sobriedad,
denunciando el derroche y la contaminación,
defendiendo el derecho de cada hermano y hermana
a beber sin miedo, sin desigualdad.

Haz que nuestro cuidado del agua
sea signo de amor al Creador
y compromiso con la vida de los más pobres,
educando nuevas generaciones que valoren
y protejan los recursos de la Tierra.

Amén.


Puedes ver el Video del Papa en
https://www.youtube.com/watch?v=luQU8XMgISY

Tienes algo que decir

Te invitamos a comentar, aportar, sugerir, elogiar, objetar, refutar... sobre los temas y artículos que aquí presentamos.

facebook Sigue nuestro grupo de oración en Facebook.

Apuntes del camino es nuestro weblog o bitácora, donde presentamos pequeñas reflexiones sobre los temas cotidianos que encontramos a lo largo de nuestra peregrinación...

Te invitamos a comentar, aportar, sugerir, elogiar, objetar, refutar... sobre los temas y artículos que aquí presentamos... Lo único que te pedimos es que lo hagas con respeto y caridad, según los valores del Evangelio...

Para dejar tu petición de oración visítanos en

Oremos juntos

«Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Salmo 42, 2-3)...

Recibe nuestros artículos por email...

Subscríbete a nuestro blog y recibirás una notificación cada vez que publiquemos un nuevo artículo.

Join 916 other subscribers

Enlaces recomendados