Jesús nos promete estar en medio de aquellos que se reúnen en su nombre. La promesa es clara y está tomada del Evangelio de hoy, San Mateo 18, 15-20: «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Un ejemplo de esto es la familia, la que llamamos iglesia doméstica. La familia tiene el deber de enseñar a los niños las maravillas de Dios.
Quiero resaltar el poder que tiene en los niños la oración en familia, la asistencia a Misa, la oración en la cena y ayudar a los vecinos. Así como el ejemplo que les damos cuando ven que nos confesamos frecuentemente.
Cuando la familia se reúne a orar, es un momento que muy bien se presta para que los hijos compartan las cosas que son importantes para ellos, sin otras distracciones. Es el momento de enseñarles a amar al prójimo. Es nuestra responsabilidad como padres, padrinos, tíos y abuelos.
Nuestra vida espiritual no es un asunto individual; necesitamos apoyarnos unos a otros. La oración es la manera de hacer posible lo imposible. San Agustín decía: “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas”.
Nuestra parroquia provee varios espacios para la oración en comunidad: Círculo de Oración, Adoración Nocturna, Jueves Eucarístico, Café con María, entre otros. Te invito a unirte para orar en comunidad.
Dice San Pablo en la segunda lectura: «A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley».
Amado Jesús, sé que siempre caminas conmigo, especialmente en medio de las dificultades. Concédeme la gracia de la unidad y la reconciliación.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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