Es sorprendente que Jesús nos compare con ovejas, cuando por lo general, son animales torpes. Pero son muy inteligentes en lo más importante: No siguen la voz de un extraño.

Este bello animal, se acostumbra a la voz de su pastor y lo sigue. Precisamente esto es lo que Dios quiere que hagamos: escuchar su voz y seguirlo.
En el Evangelio de hoy, tomado de San Juan 10, 1-10, vemos cómo Cristo mismo sale a buscarnos. Él es el Buen Pastor que nos da consuelo y paz.
Dice el Evangelio: «Os aseguro que yo soy la puerta…» El redil (corral) tenía una sola puerta, por la cual entraban las ovejas y el pastor. Se sabía quién era el ladrón, porque trataba de entrar por otra parte. Cuando el pastor y su rebaño pasaban la noche en las colinas, hacía un redil temporero y él se acostaba cubriendo la entrada. El cuerpo del pastor servía de puerta, garantizando la seguridad de sus ovejas.
Todos somos pastores, de alguna manera, y estamos llamados a cuidar de nuestro rebaño. Me refiero a nuestros familiares, amigos, vecinos, parroquianos, entre otros. La pregunta es: ¿Conozco y cuido a mis ovejas? ¿Conozco por las dificultades que atraviesan? Les dejo esas preguntas para meditar.
Antes de terminar, quisiera dedicarle unas palabras a una gran mujer: doña Hilda Jimenes Fiol, mamá de nuestro querido párroco. Doña Hilda falleció hace unos días, como dijo Padre Leo: “Su pascua en tiempo de Pascua”. Damos gracias a Dios por su vida, siempre pendiente a su familia, al necesitado y a su país. Gracias doña Hilda por su ejemplo de entrega amorosa. Siempre recordaremos su brillante sonrisa.
Dice la Palabra: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante». La invitación es a entregarte en las manos del Buen Pastor, con confianza.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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