Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. La misma marca el fin del tiempo de Navidad.
Les cuento que, en una homilía reciente, invitaba a los presentes a hacer un examen espiritual. No me refiero a un examen de conciencia, sino a evaluar cómo nos fue espiritualmente el año pasado. ¿Cómo reaccioné a las dificultades? ¿Doy gracias a diario? Y, este tiempo de Navidad, ¿me ayudó a acercarme más a Jesús? Si no estoy más cerca, es que no dejé que la Navidad pasara por mí.

Estás a tiempo. Aprovecha hoy para hacer tus compromisos espirituales para el año recién comenzado. Puedes frecuentar más los sacramentos, el rezo diario del rosario, entre otros.
Hoy, el Evangelio, tomado de san Lucas 3, narra el momento del bautismo de Jesús por Juan Bautista. Allí, en el Río Jordán, Jesús es manifestado como el “Cristo,” el Hijo Unigénito, el predilecto del Padre. Esta “manifestación” del Señor sigue a la de Nochebuena, en aquel humilde pesebre, y al encuentro con los Magos que vienen a adorarlo.
Bien sabemos que el sacramento del Bautismo nos hace hijos de Dios y es la “puerta de los sacramentos.” Además, los frutos de la Redención aplican a cada bautizado, para morir al pecado y que resucitemos a la vida sobrenatural de la gracia. ¡Hermoso!
Decía san Juan Pablo II en un Bautismo: “A vosotros, que ya habéis colaborado con el Señor al engendrar a estos pequeños, os pide una colaboración ulterior: que secundéis la acción de su palabra salvífica mediante el compromiso de la educación de estos nuevos cristianos. Estad siempre dispuestos a cumplir fielmente esta tarea.”
Te invito a recordar la fecha de tu bautismo y celebrarla cada año.
Jesús, cada día quiero estar más y más cerca de ti.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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