¡Feliz y bendecido año nuevo hermanos!
Está hermoso el Evangelio de hoy, tomado de San Juan 1: «Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.»

Comienza un nuevo año y renovamos nuestras esperanzas. Por cierto, el lema de este Año Jubilar es: “Peregrinos de Esperanza.”
Me pregunto, ¿podré vivir la virtud de la esperanza? Cuando, muchas veces, no entiendo la voluntad de Dios para mi vida y la de mi familia.
Me parece que el llamado es a contemplar al Niño y que, al contemplarlo, reconozcamos nuestra pequeñez, nuestras miserias y nuestras faltas. Llegar al punto en que reconozca mi nada y no me dé miedo, porque estoy cerca de Jesús.
Soy como un niño pequeño en brazos de mi Padre. En Él confío ciegamente y no me asusta mi debilidad, porque sé que Él me protege y me cuida siempre.
Miremos la segunda lectura, tomada de Efesios 1,18: «Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.»
Hermanos, tenemos el modelo en José y María, que confiaron. Eso quiere el Señor, que confiemos y que demos fruto ahí donde nos ha puesto. Gocemos hoy de la presencia de Jesús en nuestras vidas.
Dijo el Papa Francisco el pasado día de Navidad: “La puerta del corazón de Dios está siempre abierta, regresemos a Él. Volvamos al corazón que nos ama y nos perdona. Dejémonos perdonar por Él, dejémonos reconciliar con Él.”
Señor Jesús, quiero estar más cerca de Ti.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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