El camino de Cuaresma 38

cambia
un hábito que te aleje de Dios

Estamos a tres días de comenzar la Semana Santa, la semana más importante para nuestra fe pues en ella celebramos el Misterio de Dios que se hace hombre para salvarnos.

Quisiera invitarte a mirar algunos de aquellos discípulos que caminaron junto a Jesús. Tomemos a Pedro, impulsivo y siempre dispuesto a responder a las preguntas de Jesús. Pedro pensaba que sería capaz de acompañar a Jesús a lo que fuera, pero al final —a pesar de haber sido advertido— le da miedo y niega al Señor… ¡tres veces! Tenemos a Judas, tres años caminando al lado del Maestro, escuchándolo predicar y viéndolo hacer muchísimos milagros, pero al final la avaricia pudo más que el amor que Jesús le ofrecía. En la Sinagoga de Cafarnaún, cuando Jesús les habló del Pan vivo bajado del cielo, muchos de los que le seguían se marcharon. Al final murió en la cruz solo, a penas su madre y algunas mujeres le acompañaban porque hasta sus amigos se habían ido huyendo en desbandada.

¿A dónde quiero llegar con esto? Sencillo, no importa qué tan bien conozcamos a Jesús ni cuánto tiempo llevemos caminando a su lado, cuando la vida se pone dura resulta difícil conservar la fe.

Durante estas semanas hemos ido construyendo nuestro camino de Cuaresma. Ojalá hoy estés un poco más cerca de Jesús. Ojalá tu fe sea más firme. Ojalá hayas aprendido a confiar y a abandonarte en sus brazos. Pero por más que nos hayamos esforzado, todavía nos queda un trecho largo por recorrer para llegar a ser esa persona que Dios espera de nosotros.

El propósito de hoy es que hagamos una introspección de nuestra alma y nuestro corazón. Busca eso que tienes escondido en un rincón y que tú sabes que te aleja de Dios. Reconocerlo es el primer paso… lo importante es que pongamos de nuestra parte y hagamos un genuino esfuerzo para corregirlo. No sé cómo tú lo veas, pero yo creo que sería un logro inmenso si pudiéramos llegar a la Semana Santa con un lastre menos en nuestro corazón.

Está en mi corazón el deseo de amarte.
Está en mi interior el deseo de buscarte.
Está en mis silencios el deseo de escucharte.
Pero no siempre amo,
no siempre te busco,
no logro silenciarme para escucharte.

Entonces Señor,
hazme dispuesto a amarte.
Por ello te pido,
ayúdame a hallarte.
Entonces Jesús,
dispón de mi corazón para oír tu voz .

Puedo tenerlo todo, pero sin Ti no hay vida.
Puedo ocupar mi mente y evitar el buscarte,
pero Tú siempre me recuerdas tu fidelidad,
que me amas a lo grande.

Es la nueva vida que cambia al más incrédulo
en recibir tu amor y perdón…
Por este corazón que desea amarte,
te pido nueva vida para se
instrumento de amor en cada día.

Amén.


Oración por OleadaJoven.org.ar

Comentarios

  1. AMÉN.

    Pedro Arsenio Lavarreda Anleu

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