El camino de Cuaresma 34

no culpes
evita echar la culpa a los demás,
por las cosas que tú has hecho mal

Entramos en la última semana de nuestro camino de Cuaresma y ya vamos afinando nuestras actitudes. El cristiano debe amoldar su vida a lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Parecería lógico que si somos “cristianos” es porque queremos parecernos —lo más posible— a Jesús. Pero en la práctica encontramos muchos católicos solamente de nombre, que sus vidas distan mucho de ser verdaderos ejemplos de virtud y caridad.

La culpa no siempre es de ellos, hay muchos católicos que no conocen su fe y que, tristemente, tampoco han tenido un encuentro con Jesucristo vivo. Así que imagínate, no podemos pedir que dé fruto un árbol que no se ha sembrado, abonado y regado con esmero.

Si me permites, quisiera contarte un poco sobre mí. Nací en una familia católica, fui bautizado, recibí catequesis e hice la primera comunión y confirmación como la mayoría de los católicos. Pero en realidad, nunca había conocido a Jesús… ni tenía interés en conocerlo. Me sentía contento con mi vida. Hacía lo que quería, cuando quería y como quería. No era una persona “mala”, pero mi corazón se había vuelto de “piedra”, frase que usamos para describir cuando una persona cierra su corazón al sufrimiento y necesidades de los demás, pues solamente le interesa su bienestar y su felicidad. Para no aburrirte con detalles, sucedió que un día me encontré vacío por dentro. Mi primera reacción fue buscar los culpables —mi falta de felicidad tenía que ser culpa de alguien que no era yo— hasta que comprendí que el único culpable por mi vida era yo mismo. Y fue en ese momento que le di permiso al Señor para trabajar en mí.

Te cuento que el camino fue largo y pedregoso. La alegoría de Dios como un alfarero rehaciendo su vasija de barro es preciosa, pero en la práctica, romper la vasija para hacerla de nuevo es un proceso doloroso. El camino de Cuaresma tiene algo de eso… por eso decimos que debemos morir con Jesús —cargar nuestra propia cruz y pasar por nuestra Semana Santa— para poder resucitar con Él.

En este día, saca un rato para reflexionar sobre tu vida y pídele a Dios que te ayude a sanar todas las cosas que hayas hecho mal. Oremos junto a la Beata María del Tránsito Cabanillas:

Señor, ante Ti vengo hoy
a dejar mis proyectos, mi vida,
mis sueños y mi libertad.
Señor, desde hoy mi felicidad será
amarte y servirte
buscando hacer tu voluntad.

Recibe, Señor, en tus manos
la ofrenda que hoy
vengo a traer ante Ti.

Reviste con tu fortaleza
mi débil pobreza que hoy te dice sí,
y nunca permitas que crea
que serte fiel sólo depende de mí,
pues llevo en vasijas de barro
el tesoro que sin merecer recibí.

Señor aquí estoy, Tú sabes como soy,
con tu gracia transforma mi alma,
y limpia mi corazón.

Señor, haz que en mí
siempre crezca esta sed
de querer que en tus aguas profundas
pueda un día beber.

Que sea como Tú molienda victimal,
hasta ser para todos los hombres
pan espiritual.

Que yo pueda ser sacramento de Amor,
que Tú seas en mí la sustancia y
la forma ser yo.

Consuélame, Señor,
cuando venga el dolor.
Que no me olvide,
que clavado a un madero,
fue inmolado el Amor.

Y cuando en mi obrar
sólo busque brillar,
que tu Cruz me haga ver
hasta donde yo debo llegar.

Hoy me abandono en Ti.
Amén.

Comentarios

  1. AMÉN.

    Pedro Arsenio Lavarreda Anleu

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