El camino de Cuaresma 30

cuéntale a alguien
tu encuentro personal
con Dios

Tengo un amigo que dice que nosotros heredamos la fe de los Apóstoles… y es así, nosotros creemos porque ellos —los Apóstoles— creyeron. Ellos fueron los testigos de las cosas que Jesús dijo e hizo, y es a través de su testimonio que la fe se conservó y se difundió a todos los rincones del mundo. Fíjate, cada uno de ellos tuvo un encuentro personal con Jesús que marcó su historia. Pero ese encuentro, esa vivencia del amor de Dios, se dio dentro del marco de la fe de los Doce.

Lo mismo sucedió con los demás discípulos: Lázaro, Marta y María eran amigos íntimos del Señor, María Magdalena, el centurión, la hemorroísa, Jairo y su hija, Zaqueo, Nicodemo, el ciego de Jericó, los leprosos, el endemoniado de Gerasa… cada persona que se cruzó con Jesús fue marcada de tal manera por ese encuentro que su vida cambió. ¿Sabes cuál es el denominador común en todos ellos? Que se sintieron amados por Dios a tal punto que tenían, porque tenían, porque tenían que compartir ese amor con los demás.

Esto es lo mismo que ha sucedido a lo largo de los siglos, cuando miles de mártires y santos han tenido la necesidad de desgastar sus vidas o entregarlas con tal de que otros también puedan experimentar ese amor inmenso que ellos han recibido de Dios. La fe que los mueve es una experiencia personal que se da en comunidad… y para compartirla con la comunidad.

Hoy pregúntate, en tu relación con Dios, ¿tú tienes una historia que contar? Compártela, da testimonio de cómo Dios ha tocado tu vida… tal vez hay alguien que necesita escuchar tu experiencia y tal vez hasta llegue a creer porque tú has creído.

Queremos ser
mensajeros de tu Palabra;
danos valentía
para llevarla por todos los rincones
de nuestra sociedad, Señor.

Queremos ser
sembradores de tu Esperanza;
danos perseverancia
para no bajar los brazos
y empezar cada día
como si fuera el primer día de labranza.

Queremos ser
anunciadores de Buenas Nuevas;
danos alegría
para contagiar a otros
la gratuidad de tu amor.

Queremos ser
una mano tendida al otro;
danos compasión
para sentir con tu espíritu
y actuar con tu compromiso.

Queremos ser
constructores de comunidad;
danos comprensión
para escuchar,
para fortalecer relaciones,
para unir a las personas.

Queremos ser
peregrinos de tus caminos;
estar siempre en movimiento,
sin instalarnos,
sedientos siempre de búsqueda
y de encuentro.

Muéstranos el horizonte,
mantén vivas las utopías,
ayúdanos a seguir adelante.

Queremos ser tus testigos,
Señor de la Historia;
queremos mostrar con nuestra vida
que Tú estás en medio de nosotros.

Danos la fe a toda prueba de tantos
que, a diario y sin primeras planas,
hacen santo tu nombre
porque hacen presente en este mundo
al Dios-con-nosotros,
con vida, testimonio y ejemplo
de hermanos-de-todos. Amén.


Oración por Marcelo A. Murúa, de BuenasNuevas.org

Comentarios

  1. AMÉN.

    Pedro Arsenio Lavarreda Anleu

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