El camino de Cuaresma 29

permite
que Dios actúe
en tu vida

El problema con los fariseos no era solo que no aceptaran a Jesús como el Mesías, sino que aprovechaban cada oportunidad para entorpecer su predicación o tratar de impedirle que actuara. El pasaje del Evangelio de hoy es particularmente importante porque Jesús se hace igual al Padre, y esto llena de envidia a los fariseos que se sentían los “dueños” absolutos de Dios.

Bendito contraste el que se observaba entre Jesús y los fariseos. Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, el que teniéndolo todo se apocó para estar con nosotros y salvarnos. Mientras que los fariseos, teniendo frente a ellos al Mesías que habían esperado por tantos años, le rechazaban y cerraban su corazón a la salvación que Dios en persona les ofrecía.

Nuestro camino de Cuaresma no es muy distinto a ese día la vida de Jesús. Hoy también se nos presenta Jesús delante de nosotros como Hijo de Dios y como el Mesías que viene a salvarnos. Y ante tal encuentro, tenemos la oportunidad de dejarlo actuar en nuestra vida o de rechazarlo como hicieron los fariseos. El primero es un camino de gracia y de conversión, pero requiere que dejemos atrás nuestra zona de confort y le demos permiso a Dios para actuar en nosotros y a través de nosotros. El segundo es el camino de los fariseos, es el camino del rechazo, de la cerrazón del corazón, de creernos tan buenos o tan santos que no necesitamos que Dios nos transforme… ni nos salve. Hoy te toca decidir qué camino quieres seguir.

Señor,
caminaré siempre en tu presencia
por el camino de la vida.
Te entrego, Señor, mi vida, hazla fecunda.
Te entrego mi voluntad, hazla idéntica a la tuya.
Caminaré a pie descalzo,
con el único gozo de saber que eres mi tesoro.

Toma mis manos, hazlas acogedoras.
Toma mi corazón, hazlo ardiente.
Toma mis pies, hazlos incansables.
Toma mis ojos, hazlos transparentes.
Toma mis horas grises, hazlas novedad.

Hazte compañero inseparable
de mis caídas y tribulaciones,
y enséñame a gozar en el camino
de las pequeñas cosas que me regalas,
sabiendo siempre ir más allá
sin quedarme en las cunetas de los caminos.

Toma mis cansancios, hazlos tuyos.
Toma mis veredas, hazlas tu camino.
Toma mis mentiras, hazlas verdad.
Toma mis muertes, hazlas vida.
Toma mi pobreza, hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia, hazla tu gozo.
Toma mi nada, haz lo que quieras.
Toma mi familia, hazla tuya.
Toma mis pecados.
Toma mis faltas de amor,
mis eternas omisiones,
mis permanentes desilusiones,
mis horas de amarguras.

Camina, Señor, conmigo;
acércate a mis pisadas.
Hazme nuevo en la donación,
alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida
y al gastarse en tu servicio. Amén.

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