Le pide la mamá al hijo que recoja el cuarto. El hijo responde: Mamá, si guardo 10 cosas, ¿es suficiente? El hijo está enfocado en el mínimo. Pero con el tiempo, los padres van ampliando la perspectiva de los hijos para que comprendan el valor de una habitación recogida.

En el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo 18, 21-35, vemos un cambio de perspectiva similar. Pedro habla por todos cuando pregunta cuántas veces debo perdonar. Más aún, plantea lo que considera un número exagerado.
Jesús le responde con una parábola porque, para Dios, establecer un límite es la perspectiva equivocada. Pero nosotros seguimos sin entender el concepto.
Jesús nos mira con misericordia y nos perdona todos nuestros pecados. Pero sólo quien ha experimentado ese perdón sanador es capaz de sentir paz en el corazón y perdonar a su hermano.
No hay nada que erosione más la vida espiritual que guardar rencor en nuestro corazón. Perdonar y pedir perdón nos libera y nos llena del amor de Dios.
Perdonar de corazón no es olvidar. Claro que recuerdo, pero sin reclamar que me las van a pagar. No puedo poner límites a la hora de perdonar. Debemos ser tan misericordiosos como Dios lo ha sido con nosotros.
Te invito a visitar el Santísimo y a orar específicamente por esa persona que te cuesta perdonar. Al principio se hace difícil, pero poco a poco el corazón va sanando.
Dice el Papa León: “Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal”.
También ha dicho que “el perdón es un don gratuito que no espera el arrepentimiento, sino que se ofrece primero”.
Señor, te pido que me ayudes a comprender la profundidad de tu misericordia y a ser igual de misericordioso con aquellos que me han hecho daño.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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