Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y el Evangelio, tomado de San Juan 3, 13-17, es ciertamente uno de los más famosos y también uno de los menos entendidos.

Dice el Señor: «Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.»
En aquella época, la cruz era un instrumento de crueldad y castigo. Pero para los cristianos, es alegría y esperanza. Parece una contradicción.
Me gusta recurrir a citas de santos, en este caso una candidata a santa, para aclarar mis pensamientos. Dice la Beata Conchita Cabrera de Armida:
- “La cruz es la única puerta que conduce al cielo.”
- “El que ama la cruz es verdaderamente feliz.”
- “En la cruz anida el Espíritu Santo y por esto ahí y sólo en ese árbol sagrado, se recogen, abundantes frutos.”
Hermanos, cuando comenzamos a entender el misterio de la Cruz, encontramos el camino hacia el cielo, encontramos la verdadera felicidad, y recibimos frutos abundantes. Más aún, al contemplar la cruz, somos lanzados a cargarla e ir tras de Él. ¿Qué más se puede pedir?
Señor Jesús, nos regocijamos en la victoria de tu Cruz, ayúdanos a seguir tu camino de humildad y obediencia. Muéstranos lo que significa que, gracias a tu obediencia al Padre, fuiste resucitado para que nosotros conociéramos también la gloria de tu resurrección.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo. Te amo mucho, Jesús, gracias por amarme a mí también.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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