El mes pasado, durante la oración del Ángelus, el Papa León XIV decía que quienes se consideran autosuficientes, llenos de sus propias ideas y seguridades, corren el riesgo de no reconocer la presencia de Cristo.

También dijo que la sabiduría humana, cuando se absolutiza, puede transformarse en arrogancia, y que la doctrina, cuando se vive sin humildad y sin caridad, degenera en soberbia. En cambio, la auténtica sabiduría cristiana se deja moldear por la Palabra de Dios y se abre a la acción del Espíritu Santo.
Les comparto esas partes del mensaje del Papa porque me parecieron muy profundas y actuales. Además, porque van de la mano con el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo 15, 21-28. Pienso que la gran fe de aquella madre contrasta marcadamente con la rigidez que muchas veces proyectamos. Aquella mujer se ganó el cariño de Jesús porque acudió a Él con humildad.
Así mismo, te invito a presentarle a Jesús tus necesidades. Pídele que fortalezca tu fe. Él quiere sanar tus heridas y llenarte el corazón de su paz. Él quiere transformar tu sufrimiento en ocasión de gracia.
Recordemos que cuando Jesús nos pide negarnos a nosotros mismos, no se refiere a despreciarnos. Se refiere a que estemos dispuestos a obedecerlo siempre, tanto con nuestros deseos ordenados, como cuando contradice nuestros deseos desordenados. No desaparece la persona, desaparece el orgullo. Pues el Señor puede cambiar nuestros planes, aunque sean buenos, por algo mejor.
Recientemente alguien me contó que desde que visita a Jesús en la capilla, su vida es diferente. Que ha aprendido a entregarle a Él sus dificultades y sufrimientos y se siente más contento y liviano.
Dice la Palabra que «ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió: “Señor, socórreme”». Amado Jesús, concédeme la gracia de ser humilde y confiar en tu amor.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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