Hoy quiero comentar la segunda lectura, tomada de Efesios 1, 3-14. Dice san Pablo: «Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo.»

Esto quiere decir que antes que Dios creara el mundo, entre millones y millones de personas, Él ya te conocía y te había escogido para estar a su lado. Hermanos, no sé qué piensan, pero esto no es poca cosa.
Podemos tomarlo a la ligera o verlo de manera global y generalizada. Pero debemos saber que el amor de Dios por ti y por mí no es genérico, es un amor personal y único. El Señor te ama por ser quién eres, pues Él te creó.
Ya sabes que tú, con tu singularidad y tus particularidades, estabas en la mente y el corazón de Dios desde el principio. El Señor te creó con una misión y quiere que estés con Él por toda la eternidad. Es realmente hermoso cuando lo vemos así.
La pregunta entonces sería, ¿para qué nos eligió? Ahí mismo lo dice, «para que fuésemos santos e intachables ante Él por el amor.» Creo que más claro no puede estar.
Sabemos que los Doce no lograban entender quién era Él realmente. Hasta se sorprendieron cuando Jesús calmó la tormenta y sanó a los enfermos.
A nosotros nos pasa igual. Pregúntate: ¿Entiendo verdaderamente cuánto Dios me ama? Dios me quiere santo, ¿estoy en camino? ¿Qué me falta para ponerme en camino?
Decía Santa Teresa de Calcuta, sobre el amor: “Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos debe vaciar de nosotros mismos.”
Permite que Dios te deje saber cuánto te ama. Luego, permanece en ese amor y disfrútalo, es un regalo de Dios especialmente para ti.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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