Sabemos bien que no es tan sencillo ser un buen cristiano. Y más difícil aún ser un cristiano santo. Pero eso no quita para que al final ese sea el proyecto de Dios y el objetivo de nuestra vida de fe.

Sí, queremos ser santos, como nuestro Padre del cielo es santo (Mt 5, 48). Por eso estamos entregados a la vida de oración y conversión durante estas cinco semanas de Cuaresma. Y durante el proceso, vamos descubriendo continuamente rayos del amor de Dios que iluminan nuestro peregrinar por este mundo.
La luz de Cristo nos hace ver claramente la ruta que debemos seguir. Más aún, unirnos a Él nos facilita grandemente las cosas. Ya lo dice el profeta Oseas: “Rectos son los caminos del Señor, los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan con ellos” (14, 10). Es decir, cuanto más unidos estamos, más fácil se hace ser cristianos. O dicho al contrario: lo que dificulta nuestra conversión es precisamente estar lejos del Señor. Cuanto más lejos, más complicado vemos el camino.
Cuando elegimos a Jesús, todo cambia para mejor. Lo promete el mismo Dios cuando dice: “Yo curaré sus extravíos”. Basta querer volver a la ruta y el Señor nos ayudará a encontrar el camino recto de regreso a casa y nos acompañará hasta llegar. Así actúa la gracia divina. Dios dio el primer paso anunciando la salvación y diciéndonos que hay un camino. Ahora nos corresponde a nosotros regresar a la ruta correcta. Para eso estamos en Cuaresma.
La pregunta para hoy es: ¿Hacia dónde va mi vida?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Comentarios
Querido Padre San Jose, te ruego que me ayudes a traves de tu intercesion, el camino correcto que me llega al encuentro con mi Senor. Tal como tu llevastes a Jesus y Maria para ser salvados de las garras malignas del rey Herodes, cuidame de los Herodes que se acercan a mi y hazme ver la luz de mi destino de salvacion. Amen! :-)
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