“Porque tener la plenitud de Dios Trinidad, a cuya imagen fuimos creados, es en verdad la plenitud de nuestra alegría, que no hay mayor” (San Agustín de Hipona).

Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Esto es un misterio que humanamente no vamos a comprender. Pero no tenemos que comprenderlo todo para tener una relación personal con la Trinidad.
Nuestro querido Papa León XIV describe la Trinidad como “una danza de amor recíproco”. Por otro lado, sabemos que este es el misterio fundamental de nuestra fe, pues se refiere a Dios mismo. Sabemos también que Dios es Uno y Trino. Es uno solo y es una comunidad de tres Personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se le atribuye a cada uno distintas funciones, veamos:
El Padre, el Creador: Quiere acercarse a ti como “Abba”, “Papá”, “Papito”. Dios cuida de ti.
El Hijo, el Redentor: Jesús padeció, murió y resucitó para que tú puedas tener una nueva vida en Él.
El Espíritu Santo: el Santificador, el Paráclito, el Dulce huésped del alma, quiere derramar sus siete dones sobre ti, te guía y te capacita.
Hermanos, la invitación es a tener una relación personal e íntima con cada una de las tres Personas de la Trinidad y a tener una relación de paz entre todos. Como dice la segunda lectura, tomada de 2 Corintios 13: «Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros».
El Evangelio de hoy, tomado de San Juan 3, 16-18, comienza así: «Tanto amó Dios al mundo…» Y yo le respondo: Gracias, Señor, por tu amor y por tu misericordia. ¡Te alabo, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Ayúdame a experimentar aún más la grandeza de tu amor.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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