Dicen los Evangelios que Jesús desde la cruz pronunció siete palabras, siete frases que recortan el dolor y el silencio de este día. Lo único malo es que para escucharlas hay que estar a los pies de la cruz. Los cobardes, los temerosos, los traidores no las escucharán. Porque desde lejos ya no se oyen. Jesús las dice bajito, suavemente, con el aliento fatigado de quien se desangra en una cruz, con la amargura de quien se sabe despreciado, incluso habiendo hecho solamente el bien; con el deseo de intimidad del que ve la muerte cerca. En voz baja para que solo las escuchen los que se atreven a estar cerca de la cruz, del dolor, de la sangre y de la muerte. Porque solo pueden escucharlas los que están llenos de esperanza incluso en tan terrible situación.

Siete palabras desde la cruz. Y no son malas, ni reproches, ni insultos, ni rabia. Porque Jesús sigue siendo Dios incluso crucificado, sigue siendo bendición e intercesión, incluso roto y desangrado. Siete palabras de oración y amor. La voz del crucificado dando voz a los crucificados, dando madre a los huérfanos que somos todos cuando ya solamente Dios nos cuida, voz de la esperanza que calma la sed de pan y de justicia, voz del que no se conforma con morir en vano, voz del Hijo.
Nosotros, los cristianos del Viernes Santo, lavados en la sangre del Cordero, continuamos la tarea de gritar a todos, ahora sí, con voz potente, las siete palabras de Jesús desde la cruz, las siete palabras de tantos cristos-hermanos desde sus cruces. Siete palabras como siete flores del jardín de la redención y de la salvación que llega para todos aquellos que abrazan su cruz y siguen al Señor.
Hoy nos preguntamos: ¿Cuáles son mis siete palabras en este día?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

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