Seis días antes de la Pascua, Jesús fue a Betania a compartir con sus amigos Lázaro, Marta y María (nos lo cuenta San Juan 12, 1-11). María puso perfume en los pies de Jesús y Judas se enojó porque ese dinero podía darse a los pobres. Hay un detalle en este pasaje que llama mi atención: el evangelista dice que Judas “lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.”

Todo el mundo se pregunta por qué Judas entregó a Cristo. Hay respuestas teológicas, sociales e históricas para responder y tratar de comprender la (difícil de comprender) actitud de Judas. No quiero hoy entrar en eso. Quiero que nos detengamos en el hecho de que Judas es alguien más que el traidor; fue siempre alguien no conectado íntegramente con Jesús y su espíritu. Las palabras de Jesús son transformadoras, pero requieren del permiso del oyente para ser operantes en quien escucha. Judas no estaba “condenado” a ser el traidor. Lo que le llevó a entregar a Jesús fue su falta de solidaridad espiritual con el programa de vida anunciado por Jesucristo. Judas tenía su propio esquema de cómo debían ser las cosas y lo siguió, incluso siendo capaz de entregar a Jesús con un beso. Era tan ladrón, que robó al beso su significado amoroso. Eran tan ladrón que robó a Israel la posibilidad de un cambio de rey sin violencia. Era tan ladrón que robó a Jesús el derecho a ser Mesías a su estilo, abriendo los brazos a todos.
¿Y nosotros? ¿Hemos llegado a Semana Santa en comunión con el Nazareno? ¿O seguimos robándole? Hoy nuestra meditación quiere descubrir que tenemos y no damos al Señor, qué robamos de lo que es suyo: ¿tiempo, dedicación, atención…? La Cuaresma nos ha llevado de la mano para ir tocando cada aspecto de nuestra vida física y espiritual y poner en ella la luz de Cristo. El suave olor del perfume de Cristo quiere impregnarnos completamente. Hemos tenido la oportunidad de ser ungidos con Cristo de modo total y definitivo.
En la liturgia usamos el beso en algunas circunstancias; prestemos atención a cuándo y cómo lo usamos. Y al besar (la Biblia, la cruz…) pensemos si es un beso de amor o un beso de Judas.
Hoy la pregunta es: ¿En quién he puesto mi confianza?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Comentarios
Jesús nos llamó a todos a “ser santos, como el Padre es Santo.” Ese es el propósito de cada persona, vivir santamente. Claro, cada uno debería vivir la santidad dentro de su situación particular y de acuerdo al plan de vida de Dios para cada uno.
El propósito de Judas no era diferente al de todos los demás. Dios lo creó para que fuera santo… no para traicionar a Jesús. Esa fue una elección personal. Judas decidió pecar entregando a Jesús. De la misma forma, Pedro decidió pecar cuando lo negó. Esos dos ejemplos no son diferentes a lo que nosotros hacemos a diario. Cuando pecamos, sin importar si el pecado es grande o pequeño, estamos apartándonos de Dios. La diferencia entre Judas y Pedro es que Pedro se arrepintió y se abandonó a la Misericordia de Dios, mientras que Judas se hundió en su pecado y decidió quitarse la vida. Aun así, solamente Dios sabe lo que había en el corazón de Judas al momento de morir, y solamente Dios sabe si él se condenó o se salvó.
Dicho esto, la traición de Judas es parte de la historia de la salvación. Pero eso no significa que fuera parte del Plan de Dios. Todo en la vida de Jesús apuntaba hacia ese momento, a “su hora” como Él lo llamaba. Jesús vino a morir en la Cruz por nuestros pecados. Si Judas no lo hubiera entregado, tal vez lo hubiera hecho otro de los Doce o uno de los muchos seguidores que tenía Jesús… quién sabe, si no hubiera habido un traidor es posible que los sacerdotes hubieran decidido detenerlo comoquiera.
María y Judas están en dos planos totalmente diferentes. María fue elegida desde toda la eternidad para “algo bueno,” para ser la Madre de Jesús. Una misión que ella acogió con la mayor humildad y mansedumbre, “he aquí la esclava del Señor…” Judas, en cambio, actuó con orgullo, con avaricia, con soberbia… fue tal la maldad en el corazón de Judas que la Biblia nos dice que “Satanás entró en él.” Dios no elige a nadie para hacer el mal. Claro, Él puede aprovechar un mal para sacar un bien, pero el camino de Dios siempre, siempre, siempre es el camino del Amor.
Bendiciones bendito de mi Padre. Tengo una pregunta que me ha inquietado por algun tiempo. El Señor nos creo a todos con un proposito. Verdad? A Judas lo creo con este proposito? Ser el traidor? Porque alguien lo tenia que traicionar, para que se cumplieran la Sagradas Escrituras. Pero pienso que por el libre albedrío Judas se pudo hecha para atrás y más siendo uno de sus discípulos y viendo día a día lo que hacía el maestro
me atrevo a decir que fue elegido para este fin como María también fue
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