No se puede comenzar un viaje sin estar preparado. Durante el recorrido quizás encontraremos incidencias y situaciones particulares, imprevistos, inconvenientes, momentos en que decidiremos detenernos a contemplar un paisaje o a disfrutar un poco más profundamente de algo especial. El viaje se puede programar, pero no es controlable al cien por cien. Ni deseamos que sea así. Porque la sorpresa es también un elemento importante del viaje. Sobre todo si son sorpresas buenas.

Lo mismo sucede durante el viaje al fondo del alma que realizamos durante la Cuaresma. Sabemos un poco de lo que hay en el camino, pero nos abrimos a las maravillas que encontremos dentro de nosotros mismos… o los retos. Porque también dentro del alma podemos tener baches que dificultan el camino, o puentes frágiles que nos asusta atravesar.
Sea como sea, hay algo indispensable que debemos preparar antes de iniciar un viaje: la gasolina. El depósito de combustible de nuestro automóvil debe estar lleno antes de salir. Es parte de la disposición para emprender la marcha. La gasolina de la Cuaresma, por ser un proceso de sanación y purificación, es el perdón. Perdonarnos a nosotros mismos, perdonar a los demás, dejarnos perdonar con Dios. Hasta setenta veces siete (Mt 18, 22).
Las preguntas para el día de hoy son: ¿Perdono fácilmente a los otros? ¿Me perdono fácilmente a mí mismo?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

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