Oh Jesús, Buen Pastor,
suscita en todas las comunidades parroquiales
sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas,
laicos consagrados y misioneros,
según las necesidades del mundo entero,
al que tú amas y quieres salvar.

Te confiamos en particular nuestra comunidad;
crea en nosotros el clima espiritual
que había entre los primeros cristianos,
para que podamos ser un cenáculo
de oración en amorosa acogida del Espíritu Santo y de sus dones.
Asiste a nuestros Pastores
y a todas las personas consagradas.
Guía los pasos de aquellos
que han acogido generosamente tu llamada
y se preparan a las órdenes sagradas
o a la profesión de los consejos evangélicos.
Vuelve tu mirada de amor
hacia tantos jóvenes bien dispuestos
y llámalos a tu seguimiento.
Ayúdales a comprender
que sólo en Ti pueden realizarse plenamente.
Confiando estos grandes intereses de tu Corazón
a la poderosa intercesión de María,
Madre y modelo de todas las vocaciones,
te suplicamos que sostengas nuestra fe
con la certeza de que el Padre concederá
lo que Tú mismo has mandado que pidamos. Amén.
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San Juan Pablo II
XXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (1986).

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