¡Feliz Navidad!
Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. La liturgia nos regala el relato del Niño perdido y hallado en el Templo, tomado de San Lucas 2, 41-52.

Ciertamente, la vida para la Sagrada Familia no fue fácil. Comenzando para San José, que no entendía lo que ocurría con su esposa, hasta que en sueños un ángel le habló: el nacimiento de Jesús, en aquel establo lleno del estiércol de los animales; luego la huida a Egipto, por temor a Herodes, etc.
En el relato de hoy, el Niño se les queda en el Templo. «Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados», le dijo María. Jesús era un misterio, incluso para sus padres.
No quiero ni pensarlo, pero recuerdo en una ocasión, una de nuestras hijas, que tendría unos doce años, se nos perdió y aunque sólo fueron unos 10 minutos, aquello para nosotros fue eterno. El miedo y la impotencia que se siente es inexplicable.
Volviendo al Evangelio, «pero ellos no comprendieron lo que quería decir.» María y José no la pasaron fácil. Y, ¿cuál fue la reacción de María? Dice la Palabra: «Su madre conservaba todo esto en su corazón.» Ellos confiaron en el plan de Dios para su familia.
Todos vivimos situaciones difíciles y a veces no sabemos cómo vamos a responder. Nuestro llamado es buscar la Luz por medio de la oración.
Dice la segunda lectura, de 1 Juan 3: «Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.»
Que el nacimiento del Niño Dios nos ayude a cada día amarlo más y entregarle nuestras luchas y desvelos, en fin, entregarle nuestro corazón.
Que la Sagrada Familia nos bendiga y habite siempre en nuestros hogares, para encontrar en ellos unidad, amor, comprensión y perdón.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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