Hemos visto las imágenes del funeral de nuestro querido Papa Francisco, de feliz memoria. Miles de personas se reunieron en Roma para acompañarlo hasta su última morada.

Muchos han escrito a favor y en contra del Papa. Lo mismo ha pasado con otros Papas en la historia, pero hay una publicación que me llamó la atención y se las comparto. Escribe el Padre Pedro Reyes:
“Papa Francisco fue un Papa que ha sufrido la incomprensión dentro de la Iglesia y la confusión del maligno tratando de hacerle ver como liberal y poco ortodoxo. Sin embargo, sufrió en silencio esa incomprensión e hizo que los que estaban lejos y heridos de la Iglesia hoy se acercaran y experimentaran la misericordia de Dios. Sufrió y murió purificándose y ofreciendo sus dolores como alma víctima unido a Cristo Sufriente. El tiempo dirá quién fue Papa Francisco. Sus zapatos negros y gastados –siempre remendados por el mismo zapatero– hablan por sí mismos de su caminar por la tierra.”
Las clasificaciones de derecha o izquierda, se las dejemos a los políticos, con sus habituales enredos y falacias. El Santo Padre no se escoge por popularidad o simpatías, sino que nos sometemos a la acción del Espíritu Santo. Oremos por el Cónclave y acojamos al seleccionado como lo que es, un don de Dios.
Pienso que el Evangelio de hoy, San Juan 21, 1-19, nos aplica muy bien. Jesús, en diálogo con Pedro, le pregunta: «¿Me amas?» No para ponerlo en aprietos, sino para que evaluara su interior.
Pregunta que nos hace a nosotros hoy y la debemos recibir con humildad. Porque, no es que dude de nosotros, Él quiere disipar nuestra falta de fe y llenarnos del fuego de su amor. Un amor que es capaz de generar en nosotros un amor más grande y profundo.
El diálogo termina con una hermosa invitación: «¡Sígueme!».
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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