Mi amado Jesús, hoy la Iglesia levanta la mirada hacia Tu Santa Cruz y yo quiero unirme a ella para darte gracias.

El mundo contempla la cruz y ve sufrimiento, humillación y derrota. Nosotros la contemplamos y reconocemos el lugar donde el Amor venció al pecado y la muerte. Allí extendiste Tus brazos para abrazar a toda la humanidad. Allí entregaste Tu vida para devolvernos la nuestra.
No quiero acostumbrarme a verte crucificado. No quiero mirar Tus manos atravesadas por los clavos y olvidar que esas manos bendijeron, sanaron y acariciaron. No quiero contemplar Tus pies heridos sin recordar que recorrieron nuestros caminos buscando a quienes se habían alejado de Ti. No quiero mirar Tu costado abierto sin reconocer que también fue abierto para mí.
Tú no tenías que demostrarnos cuánto nos amabas. Sin embargo, quisiste amarnos hasta el extremo. Pudiste bajar de la Cruz, pero permaneciste en ella. Fue Tu Amor por nosotros lo que te mantuvo allí. Fue Tu Amor por mí… y sé que no te lo agradezco lo suficiente.
Gracias por cargar sobre Tus hombros el peso de nuestros pecados. Gracias por cada herida, por cada gota de Tu Sangre derramada y por cada palabra de perdón. Gracias por aceptar la muerte para reconciliarnos con el Padre y abrirnos nuevamente las puertas del Cielo.
Mirando Tu Cruz descubro la gravedad de mis pecados, pero también la inmensidad de Tu Misericordia. Allí reconozco las muchas veces que me he alejado de Ti… y hasta dónde has llegado Tú para encontrarme y traerme de vuelta.
Señor, enséñame a no huir de la cruz de cada día. Que al contemplar Tu entrega aprenda a perdonar, a servir y a darme a los demás. Cuando llegue el sufrimiento, recuérdame que Tú estuviste allí primero. Cuando piense que todo está perdido, ayúdame a mirar la Cruz y reconocer que Dios puede hacer brotar la vida precisamente donde nosotros solo vemos muerte.
Mi amado Jesús, gracias por la Cruz. Gracias porque aquel instrumento de muerte se convirtió, por Tu sacrificio, en árbol de vida y signo eterno de nuestra salvación.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Amén.
Entre el 2006 y el 2008 mantuve un blog que se llamaba a los pies de la Cruz. Era una mezcla de diario de oración y desahogo del alma, donde escribía parte de mi diálogo diario con Dios. Era un blog anónimo y tenía la advertencia de que los comentarios no iban a ser respondidos; escribía el blog para Dios y lo dejaba público con la ilusión de inspirar a otros en su vida de oración. En aquella época, un lector se refirió a las publicaciones como “verdaderos salmos actualizados” y ¡hasta un premio nos dieron! Hoy intento retomar parte de aquel proyecto bajo la etiqueta de “salmos para nuestro tiempo”… Este es el primero de ellos.

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