Caminar por el desierto no es fácil. Y peor aún cuando al desierto físico va acompañado de un desierto espiritual. Buen ejemplo de ello lo encontramos en el libro del Éxodo 32. Los israelitas, peregrinos hacia la libertad, se sintieron desprotegidos por Dios, a quien no veían, y se hicieron un becerro de oro, que sí veían, y le adoraron como a su dios diciendo que él les había sacado de Egipto. Casi todo el pueblo pecó, menos un pequeño grupo de fieles al Señor. Este pueblo, liberado de la esclavitud, pero aún atado a sus miedos e inseguridades, se dio un dios hecho a su medida, con la imagen familiar de uno de los dioses egipcios. Estaban en proceso de liberación física, pero su liberación espiritual estaba aún lejos.

El camino del desierto interior de cada individuo y del pueblo iba a ser mucho más duro que el recorrido hasta llegar a la Tierra Prometida. Los que dudaron empujaron a otros a un desierto aún más seco: el desierto del alma. Su ceguera espiritual les impedía ver la mano de Dios en todos los acontecimientos que les iban sucediendo (liberación, maná, codornices, agua…). Una y otra vez tentaban a Dios y Dios les respondía con misericordia y amor.
Pero no todo estaba perdido: una parte de los israelitas supo mantenerse fiel a los mandatos de Dios. Ellos pasaban las mismas penalidades que los demás, sentían las mismas dudas y miedos, pero dentro de sus corazones y sus mentes seguían permitiendo resonar la voz de Dios. Ellos nos ayudan a sentir esperanza en nuestra propia debilidad.
Esta Cuaresma está llena de luces y sombras. También puede haber desierto. Si es así, no huimos de la situación, sino que la confrontamos con espíritu valeroso. En medio del desierto, seguimos adelante, con el (aparente) silencio de Dios; pero sabiendo que Él cumplirá su promesa de estar siempre cerca de nosotros. De este modo, en vez de empujar a otros a lo más profundo del desierto, los llevaremos hacia la salida.
La pregunta para este día es: ¿Cómo mantengo mi esperanza en medio de las dificultades?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

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