El camino de Cuaresma 11

ama
no solo al que te la pone fácil,
sino a quien más te cuesta

Todos sabemos que “Dios es Amor”. De hecho, eso fue lo que Jesús vino a mostrarnos, que tanto, tanto, tanto, tanto nos ama el Padre que envió a su Hijo a dar la vida por nosotros. También sabemos que la meta de los cristianos es parecernos a Jesús. Mas aún, esa es la misión del Espíritu Santo, ir formando un pequeño Jesús dentro de nosotros. A ese proceso de volvernos “Jesuses” le llamamos santificación. Ahora el gran reto de la Cuaresma —y de toda la vida—, si debemos ser como Jesús, esto implica AMAR como Jesús (AMAR así, en mayúsculas, como quien lo dá todo de sí a todas las personas).

Hoy quiero que te fijes en algo. Cuando decimos que Dios me ama, pensamos que me ama a mí con un amor personal, cercano, un amor que me abraza y me conforta y me perdona y me restaura. Lo que quiero que entiendas es que con ese amor inmenso que me ama a mí —y a ti—, es el mismo amor con el que Dios ama a esa persona que no te agrada o que te ofendió o que tiene algo en contra tuya. ¿Comprendes un poco mejor el reto de la Cuaresma? AMAR como Jesús es amar a todos por igual, aunque sea difícil y aunque nos cueste.

Hoy, AMA… no importa donde te encuentres o lo que estés haciendo, ofrécele un saludo, una sonrisa, una abrazo, un poco de ti a esa persona que tienes cerca. Como invita esta bella oración de la Madre Teresa de Calcuta, que todos a tu alrededor sientan el Amor misericordioso de Dios a través de ti:

Señor, cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida.
Cuando tenga sed,
dame alguien que precise agua.
Cuando sienta frío,
dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra,
dame alguien que necesite consuelo.
Cuando mi cruz parezca pesada,
déjame compartir la cruz del otro.
Cuando me vea pobre,
pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo,
dame alguien que precise de mis minutos.
Cuando sufra humillación,
dame ocasión para elogiar a alguien.
Cuando esté desanimado,
dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión.
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender.
Cuando piense en mí mismo,
vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor,
de servir a nuestros hermanos.
Dales, a través de nuestras manos,
no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso,
imagen del tuyo. Amén.

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