Podría pensarse que realizar el proceso cuaresmal es tarea fácil. Como meditábamos ayer, lo que hacemos y decimos en Cuaresma ya es conocido, puesto que lo repetimos cada año. Y lo llevamos repitiendo durante siglos. Esto choca bastante con la mentalidad consumista en que vivimos, donde la “novedad” es la reina, donde se pondera que cada día hay nuevos productos, nuevos estilos, nuevos contenidos… Hambre de cosas nuevas, sistema económico-cultural que nos quiere convencer de que solo lo moderno, lo actual, es bueno. Sociedad enferma de novedad.

Mientras tanto, contra corriente, fieles a nuestros principios, los católicos recorremos la Cuaresma una y otra vez durante nuestra vida, siempre igual y siempre distinta. Repetir, repasar, revisar… ayudan a recordar. Asunto importante, sin duda, puesto que lo que escuchamos y recordamos es lo que Dios nos dijo y nos dice. Hay mucho en juego, porque “esta fue la orden que di a mi pueblo: escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo: caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien” (Jr 7, 23). Por eso es tan importante la Cuaresma.
¿Alguien teme a la tentación del intelectualismo (convertir el Evangelio solamente en una bonita doctrina)? Este peligro está superado porque el Espíritu Santo está envuelto en nuestro proceso de aprender y recordar, guiándonos al convertir la teoría en práctica, lo escuchado en vida. El Espíritu es como nuestro GPS: conoce el camino, nos indica la mejor ruta para llegar al destino… y nos redirige cada vez que nos perdemos.
Pregunta para hoy: ¿Vivimos la Cuaresma guiados por el Espíritu Santo?
___
Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Tienes algo que decir
Te invitamos a comentar, aportar, sugerir, elogiar, objetar, refutar... sobre los temas y artículos que aquí presentamos.