Cuenta el libro de los Números (capítulo 21) que los israelitas caminaban por el desierto protestando, quejándose de las penurias que pasaban, de comer siempre lo mismo, de la sensación de sed, los ataques de serpientes, el hambre, etc. La verdad es que caminar por un desierto no es tarea fácil. Ni físicamente (andar sobre la arena no es cómodo, además del calor y del frío intensos), ni anímicamente (no hay nada que ver, solo arena y arena y más arena). Y como no hay paisajes que los distraen, los pobres israelitas se entretienen en ver su miseria. Ese es el drama del esclavo.

Hay que entender algo: los judíos fueron esclavos en Egipto durante varias generaciones. Estos que fueron liberados por Moisés, habían nacido esclavos, hijos y nietos de esclavos. Por eso no veían más que miseria y penuria. No habían perdido solamente la libertad corporal, sino también la libertad de mente y espíritu, la capacidad de ver la maravilla de su momento vital. Es cierto que estaban en medio del desierto en una situación peligrosa. Pero su propia pobreza interior les impedía reconocer las bendiciones que estaban recibiendo, como por ejemplo el que gracias a la ayuda de Dios estaban superando cada obstáculo que se les presentaba en la ruta. Desconfiaban de Dios porque no sabían ni confiar en sí mismos. Eran esclavos.
¿Y nosotros? ¿Estamos mejor? Esta Cuaresma avanza y es un recorrido arduo por nuestro interior. Jesús y la Iglesia caminan a nuestro lado. Pero no siempre los vemos. Nos sentimos solos y desamparados, abrumados por nuestros problemas… Y cerramos los ojos. Justo cuando necesitamos los ojos más abiertos, los cerramos, como hicieron los israelitas en el desierto. Pero Dios tiene medicina para todo: para ayudar a los israelitas a abrir los ojos del alma, les obligó a abrir los ojos de la cara. Así, quien era mordido por una serpiente, miraba al estandarte que Moisés portaba y quedaba curado (Nm 21, 9). De igual modo, nosotros miramos la cruz de Cristo, no para ser crucificados, sino para resucitar con Él. Por eso hace falta tener los ojos bien abiertos.
Hoy nos preguntamos: ¿Qué tipo de problemas son los que más me encierran en mí mismo?
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Comentarios
Senor Mio Jesucristo, al ir pasando estos cuarentas dias de cuaresma, te imploro tu fuerza salvifica para poder seguir avanzando en este cuesta arriba al calvario de mi propia cruz. Sin tu ayuda no lo podre lograr. Tu eres el poder y la fuerza que puede sacarnos de todos estos miedos y miserias que nos atacan en el camino de la conversion.Ayudame Senor a llevar esta cruz sin quejas ni temores sino con tu fuerza y gracia lo puedo todo. Amen! :-)
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