Uno de los momentos más emocionantes de la vida de Jesucristo fue el de la Transfiguración. Nos dice san Lucas (9, 28-36) que Jesús subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas. Después aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. Así los tres apóstoles que estaban con el Señor en el monte vieron su gloria. Ellos no comprendieron mucho, pero meditaron estas cosas en el corazón hasta que pudieron expresarlas y transmitirlas a la comunidad cristiana.

No es tan sencillo confesar la presencia real, viva y evidente de Dios en la vida y en la historia. No es fácil recibir la bendición de Dios, su perdón misericordioso y comenzar de nuevo, aceptar la nueva oportunidad que el Señor nos ofrece. Una vez que Cristo toca nuestro corazón y recibimos la gracia sacramental, no es simple dejar atrás lo que fuimos y disfrutar plenamente lo que somos hasta alcanzar lo que seremos definitivamente en el Cielo.
Lo que sucede es que estamos acostumbrados a que, poco después de comenzar cada Misa, recitamos el “yo confieso” y decimos públicamente que somos pecadores. También a que nos confesamos y volvemos a pecar. Incluso que repetimos ciertos pecados y casi parecen formar parte de nuestro ser. Y como hemos fallado tantas veces en el propósito de enmienda, incluso podemos perder la fe en nosotros mismos y en la capacidad de cambiar.
Por eso hoy contemplamos la Transfiguración, para ver la realidad más profunda de Jesús, la que se trasparenta con sus palabras de vida eterna y sus acciones milagrosas por nosotros los hombres y por nuestra salvación, pero que no siempre vemos tan clara. Y mirando la divinidad de Jesús transfigurado, nos invita a mirarnos dentro y descubrir que somos sus hijos, su imagen y semejanza, aquellos a los que busca por amor, con pasión y compasión. Y al vernos así, tal vez tengamos deseos de transfigurarnos en santos, para ser dignos hijos de tal Padre.
La frase de hoy es: Convertirnos para transfigurarnos.
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Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Comentarios
Senor Jesus que tu luz que tiene poder sobre todas cosas, sea para mi las luz que ilumine el camino que llega a ti todos los dias. Concedeme la gracia para poder comprender que tu luz es salvifica y asi poder morar en ella por siempre. Amen!
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