Hoy celebramos la Solemnidad de Pentecostés: La venida gloriosa del Espíritu Santo sobre los discípulos y el nacimiento de la Iglesia. El Espíritu Santo es el amor Divino que fluye del Padre y el Hijo, y Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Le llamamos el Divino Consolador, Paráclito, Defensor… Con Él todo cambia, porque nos infunde vitalidad, nos renueva y nos colma de amor y felicidad.
Dice la segunda lectura, tomada de Romanos 8, 8-17: «Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.» Añade el Evangelio, tomado de San Juan 14, 15ss: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.»
Es imprescindible que conozcamos al Espíritu Santo y le pidamos sus siete dones. Estos son un regalo dado por Dios y nos ayudan en nuestro caminar diario.
El don de Sabiduría nos ayuda a ver cada cosa con los ojos de Dios. El don de Entendimiento nos ayuda a comprender las enseñanzas de Jesús. El de Consejo nos ayuda a saber lo que Dios quiere de nosotros. El de Fortaleza nos da valor para hacer las cosas que Dios quiere. El de Ciencia nos enseña cuáles son las cosas que nos ayudan a caminar hacia Dios. Con el don de Piedad amamos más y mejor a Dios y al prójimo. Finalmente, el don de Temor de Dios nos ayuda a recordar cuán pequeños somos ante Dios y nos ayuda a no ofenderlo.
Pídele al Espíritu Santo que te haga dócil a la voluntad del Padre y puedas así abandonarte con humildad y confianza en sus manos. Permite que el Espíritu se derrame sobre ti hoy, ábrele tu corazón y recíbelo con alegría.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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