Hoy celebramos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. En el Evangelio, tomado de San Mateo 16, 13-19, establece Jesús claramente: «… sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.»

Promesa que ha sido cumplida una y otra vez. Pues ninguna fuerza, por maligna o poderosa que sea, ha podido, ni podrá jamás, destruir la Iglesia que Jesús estableció derramando su Sangre Preciosa.
Ahora bien, cuando los propios cristianos no conocemos la verdad del Evangelio o somos indiferentes o la manipulamos, la Iglesia se debilita. También se debilita ante el fanatismo religioso y cuando juzgamos al pecador, sin reconocer que todos somos pecadores. Se debilita por la falta de protección al más débil, la falta de solidaridad, o cuando ponemos la fe en los políticos de turno, como si fueran una especie de ‘enviados.’
Cuando esto sucede, no sólo los fieles nos privamos de una vida de paz y fortaleza espiritual, sino que el mundo también sufre. Pues se lleva la falsa impresión de que Dios está muy lejos y que no quiere intervenir en las cosas del mundo.
Bien sabemos que Dios está presente en el mundo a través de su Iglesia. San Pedro y San Pablo son los dos pilares principales sobre los que está edificada la Iglesia de Jesucristo. Ellos dieron su vida por la Iglesia y nosotros estamos llamados a vivir como Cuerpo de Cristo y dar a conocer la presencia de Jesús en este mundo.
Hoy, Jesús te pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Si estás en sintonía con Pedro, entonces estás llamado a proclamar la Buena Noticia, haciendo que se note que la Iglesia es el Cuerpo vivo que Dios quiso establecer. Vivir el valor de la unidad no es fácil, pero sabemos que Dios es siempre fiel a sus promesas.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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