San José, el más santo de los santos: Un poco de historia

Cuando la Sagrada Familia huyó a Egipto, tuvo que hacer un largo y peligroso camino por el desierto durante unos 20 días. Según una antigua tradición, se establecieron en Matarieh, a las afueras de El Cairo, cerca de Heliópolis, lo que supone unos 500 kms de recorrido desde Belén. San José, llevando al niño Jesús a Egipto, se convierte así en el primer misionero. Quizás, por eso, no fue una casualidad que en Egipto floreció el cristianismo en los primeros siglos, dando lugar a grandes teólogos y monjes santos como Orígenes, san Cirilo de Alejandría, san Antonio Abad y tantos miles de monjes, que vivieron en el desierto de la Tebaida, entregando totalmente sus vidas a la oración y al servicio de Dios. Quizás, por ello, tampoco es casualidad que el culto a san José se desarrolló en Egipto mucho antes que en otros sitios.

San José, el más santo de los santos: Un poco de historia

Después de la muerte de José, de Jesús y de María, quedaron en Nazaret algunos familiares de José. Según dice el gran historiador cristiano san Eusebio de Cesarea (275-339) en su Historia eclesiástica (libro 3, XIX), tomando como referencia al historiador judeocristiano Hegesipo, hasta el siglo II había familiares de José en Nazaret; parientes, por tanto, de Jesús, que tuvieron un papel muy importante en la conservación de la memoria cristiana del lugar y que incluían referencias a san José.

Hay autores del siglo II, como san Justino y san Ireneo, que hablan de san José al hablar de María o del misterio de la Redención. En este mismo siglo, Orígenes y Julio el Africano también lo mencionan frecuentemente. En el siglo IV, san Agustín, san Ambrosio y san Jerónimo hablan ya mucho de su virginidad, de su paternidad espiritual sobre Cristo y de su verdadero matrimonio con María, presentando a José como modelo de virtudes cristianas. En este mismo siglo IV, ya existía la fiesta de san José entre los coptos, que la celebraban el 20 de julio.

El escritor Nicéforo Calixto en su Historia eclesiástica (libro 8, cap 30, PL 146, 113) nos asegura que en la gran basílica construida por santa Elena, la madre de Constantino, en el siglo IV, había una capilla dedicada a san José.

En 1888, en unas excavaciones en la antigua ciudad de Cartago del norte de África, se encontró un bello relieve del siglo IV, donde está de pie san José, teniendo a su lado a la Virgen sentada con el niño Jesús en su regazo. También en las catacumbas de Santa Priscila en Roma, se ha encontrado una imagen de los magos, adorando a Jesús, donde está también José al lado de María.

En los siglos VII-VIII aparece el nombre de san José en los calendarios litúrgicos y en los martirologios. En 1129 ya se conoce una iglesia dedicada a san José en Bolonia (Italia). En esta época, se encuentra en Palestina una iglesia, restaurada por los cruzados con la inscripción Joseph virum Mariae (José, esposo de María). En este siglo XII está el gran devoto de María san Bernardo (+1153), que también fue muy devoto de san José. Otros grandes panegiristas o eminentes propagadores de la devoción a san José fueron: santo Tomás de Aquino (+1274), santa Gertrudis (+1310), santa Margarita de Cortona (+1297), santa Brígida de Suecia (+1373), san Vicente Ferrer (+1419), san Bernardino de Siena (+1444).

Es de destacar entre todos los devotos de san José a Juan Gerson (1363-1429). Llegó a ser canciller de la universidad de París en 1395. El 17 de agosto de 1413 escribió una carta a todas las iglesias de la cristiandad y, en especial, a todas las dedicadas a la Virgen María, para proponerles una fiesta en honor del matrimonio de José y María. Decía: Os exhortamos y rogamos encarecidamente con todas nuestras fuerzas que celebréis con oficio solemne el virginal desposorio de José con María. Él mismo había compuesto un oficio para la fiesta propuesta. Cuando asistió, como representante del rey de Francia, al concilio de Constanza el 8 de setiembre de 1416, les habló a los padres conciliares de la conveniencia de crear una fiesta en honor del matrimonio de José y María. Y compuso un inmenso poema a san José de 4.800 versos, llamado Josephina. Él creía que san José tuvo el privilegio de ser santificado en el vientre de su madre como Jeremías y Juan Bautista, que había sido confirmado en gracia y que estaba libre de la concupiscencia. También creía en la Asunción de José en cuerpo y alma a los cielos, aunque en algunos textos manifiesta dudas. Pero en todos sus escritos, propicia mucho la devoción a san José.

Otro gran devoto de san José fue Isidoro de Isolano, que en 1522 escribió un tratado sistemático sobre san José. Se llama Summa de donis sancti Joseph (Conjunto de dones de san José).

En él escribe unas frases proféticas sobre san José. Dice así: Se levantarán templos en honor del santo patriarca; se celebrarán fiestas en que los pueblos le expresarán su agradecimiento. Insignes varones, ilustrados por Dios, al investigar las riquezas encerradas en san José, hallarán un gran tesoro, cual no lo hallaron en los Padres del Antiguo Testamento. Se le consagrará una fiesta principal y venerable. Porque el Vicario de Cristo en la tierra, bajo la inspiración del Espíritu Santo, mandará que la fiesta del padre putativo de Cristo, del esposo de la Reina del mundo, del hombre santísimo, se celebre en todas las regiones, adonde se extiende el imperio de la Iglesia militante.

A partir del siglo XVI, tomó mucho impulso esta devoción especialmente con el testimonio de santa Teresa de Jesús (+1582), de san Juan de la Cruz y de los carmelitas en general. Fray Jerónimo Gracián, confesor de santa Teresa, escribió en Roma en 1597, su Josefina, proclamando los dones y privilegios de san José. El Papa Gregorio XV en 1621 estableció la fiesta de san José. Benedicto XIII en 1726, colocó a san José en la letanía de los santos. En Brasil, en el siglo XVIII, se difundió la devoción a los Tres Corazones de Jesús, María y José. En 1870, el Papa Pío IX lo nombró patrón de la Iglesia universal. León XIII, en la encíclica Quamquam pluries, en 1889, exhorta a rezar el rosario e invocar a san José. En 1955, Pío XII, instituye la fiesta de san José obrero el 1 de mayo. Juan XXIII lo nombra patrono del concilio Vaticano II y coloca su nombre en el canon de la misa. En 1989, el Papa Juan Pablo II publicó la exhortación pastoral Redemptoris custos (custodio del Redentor) y el año 2004 regaló su anillo papal para el cuadro de san José de su iglesia natal de Wadowice, en Polonia.

Como curiosidad, digamos que algunos países han nombrado a san José como su patrono: Austria, Bélgica, Canadá (1624), China (1678), Corea, Croacia, Vietnam y el Perú. En 1557 fue nombrado patrono general de México. En 1679 se nombró a san José patrono de todos los dominios españoles. En 1655 se consagraron a san José, Perú y Bohemia. San José es patrono del Perú desde 1828.


San José, el más santo de los santos
Padre Ángel Peña, OAR

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