¿Qué miras?

Me acaban de contar un chiste. No sé si una meditación de Cuaresma puede comenzar con un chiste, pero se lo cuento:

“Una persona le dice a otra:
– Primero le vi con una y luego le vi con otra.
– Es un mujeriego.
– No, tiene dos bicicletas.”

¿Qué miras?

Me he reído tanto que no podía menos que contárselo. Y a la vez me ha dado tristeza porque demuestra lo mal pensados que solemos ser. Esta semana el hilo conductor de cada meditación va a ser la mirada. A mi juicio esa es la característica de la personalidad de Jesús más destacable y más original: su modo de mirar. Hay un pasaje en el evangelio que es tremendo y emocionante: cuando llevan ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio (Jn 8, 1-11). No podemos leerlo sin vibrar de emoción. Seguro que lo recuerdan bien (o repáselo, que para eso tiene su Biblia sobre la mesa). Espero que no la haya dejado descansar mucho estas semanas; ¿recuerda que dijimos que la Biblia sería una de nuestras herramientas favoritas durante la Cuaresma?

Le traen a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. La ley de Moisés era clara en su condena de este tipo de delito: morir apedreada. Los escribas y fariseos, lo sabemos bien, querían atrapar a Jesús y usaban cada ocasión para tenderle una trampa, para encontrar algo de lo que acusarle. Los escribas y fariseos ya habían juzgado y condenado a la mujer. Y también habían juzgado y condenado a Jesús. Ellos tenían juicio y condenación dentro, muy dentro, tan dentro que nunca dieron oportunidad a Cristo de que les explicase las Escrituras. Sin embargo, Jesús no vino a juzgar, sino a salvar (Jn 3, 17 y 12, 47). Lo dijo y lo repitió porque encontró tantas condenas, tantos juicios, tantas injusticias, tantas apariencias que seguimos sufriendo cada día.

Jesús era –y es– distinto. En sus ojos no había juicio, sino amor misericordioso. Por eso no condenó a la mujer adúltera, como tampoco condenó a los que la acusaban. Les podía haber escupido a la cara su hipocresía (no trajeron a la mujer para cumplir la ley de Moisés, sino para ridiculizar a Jesús), ni les recriminó su crueldad y falta de caridad. Simplemente escribió sobre la arena y les desnudó con el amor de su corazón. Mírate, no juzgues, no condenes, ni a ti ni a tu prójimo; simplemente deja esa piedra con la que vas a matar a otro y ve a mirarte al espejo para que no mueras tú primero apedreado por la culpa del pecado que ya tenías.

Ese es Jesús. A eso llamo yo mirar con elegancia de alma.

La pregunta de hoy es: ¿Soy una persona rápida para juzgar?

___
Juan L. Calderón
Un nuevo comienzo, Reflexiones diarias para Cuaresma y Pascua.

Comentarios

  1. Oh Jesus Mio. Es muy dificil no poder retener nuestros impulsos humanos al juzgar. Pero con tu gracia, la oracion continua, el silencio y el amor compasivo, podre sanar esos impulsos del alma que nos hacen interrogar al otro sin mirarnos a nosotros mismos. Senor perdoname y ten misericordia de mis faltas de caridad. Amen!

    Raquel Teran

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