Hoy la Iglesia celebra con júbilo la canonización de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati. Dos jóvenes que, a pesar de su corta edad, irradiaron el amor de Dios en lo ordinario y cotidiano de sus vidas. Tanto que con su testimonio, transformaron corazones y fueron fuente de conversiones. Sobre todo, nos dejaron un ejemplo maravilloso de que el llamado a la santidad es una vocación universal a la que TODOS estamos llamados.

A veces nos cuesta entenderlo, pero tú y yo, al igual que Cralo y Pier, también hemos sido llamados a ser santos. ¡Para eso fuimos creados! Jesús mismo nos invita a serlo cuando dijo: «Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mateo 5,48). Exhortación que ya aparecía en el Antiguo Testamento (Levítico 11,44; 19,2; 20,7), y de la que San Pablo (1 Corintios 13,11) y San Pedro (1 Pedro 1,15) se hacen eco.
Y, ¿cómo hacerlo? ¿Qué nos enseñan Carlo y Pier? Primero, un amor intenso por la Eucaristía. Reconocer que en ese pedacito de pan está el Dueño y Señor de toda la creación. Segundo, un amor profundo por la Virgen y el rezo del Santo Rosario. Amar a María de la misma manera que Jesús la ama y meditar Su Vida desde el corazón de su Madre. Tercero, un amor inmenso por los pobres, desvalidos y necesitados. Reconocer que cada cosa que hagamos por ellos, «a Mí me lo hiciste» (Mateo 25,40).
Pidamos a Dios que infunda en nosotros el deseo de ser santos, que no es otra cosa que vivir en Su Voluntad, siguiéndole, amándole y dando testimonio de que Él vive en nosotros.
San Carlo y San Pier… ¡ruegen por nosotros!

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