¡El Señor está cerca! Y hoy, cuarto domingo de Adviento, encendemos la última vela de la corona. Ya es evidente que se acerca la Navidad. Pienso que es un buen momento para revisar nuestro camino. Las lecturas de cada domingo nos han marcado la ruta.

Hagamos memoria: primero nos invitaron a estar prevenidos y preparados, a despertar. Luego, el llamado a la conversión, preparar el camino del Señor. La pasada semana, se nos invitaba a dejarnos sorprender. Ya estando cerca el gran día, el llamado es a recibirlo. ¡Hermoso!
Les propongo unas preguntas para reflexionar esta semana. ¿Está mi corazón listo para la llegada del Niño Jesús? ¿Está lista mi familia? ¿Vivo la alegría del Niño que llega?
Hermanos, la verdadera fuente de nuestra alegría es Jesús. Fíjense que en esta época nos sentimos más serenos y alegres, la razón es el Nacimiento de Jesús. En estos días, nuestro corazón busca un lugar donde acomodarse y este lugar debería ser el Pesebre, junto al Niño.
Dice el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo 1, 18-24: «Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor…» San José es modelo de humildad, devoción y santidad. José, busca y hace la voluntad de Dios, porque escucha su voz. Entendamos bien que sólo pueden escuchar a Dios los humildes, los sencillos, los que se reconocen necesitados de su amor y misericordia.
Esta semana, enfoca tu mirada en la hermosa escena: María, José y el Niño que llega. Prepara bien tu corazón y recibe a Jesús con los brazos abiertos. Él desea acomodarse plácidamente junto a ti.
Decía el Papa Francisco, de feliz memoria: “En Adviento, pidamos un corazón humilde para conocer a Dios.”
¡Que este no sea un Adviento más!
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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