El Evangelio de hoy, tomado de San Lucas 3, 1-6, tiene una invitación: «Preparad el camino del Señor,» y la promesa: «Y todos verán la salvación de Dios.»

Bien sabemos que estamos llamados a evaluarnos y arrepentirnos de nuestras faltas. Pero nos olvidamos fácilmente, debido a los ruidos y el ajoro diario. Se nos hace difícil responder a esa llamada, quizás porque pensamos que no podemos lograr un cambio en nuestras vidas. Cambio que reconocemos que necesitamos, pero lo posponemos. En consecuencia, terminamos por privarnos de esa vida nueva que el Señor nos promete.
Hermanos, las lecturas de hoy están llenas de esperanza. El profeta Baruc, en la primera lectura, anunció que Dios se proponía reunir a sus hijos y que «… Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.»
El Salmo 125 es hermoso: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.» Este Salmo me lleva a fijarme en la parte medio llena del vaso e ignorar la parte medio vacía, a la que muchas veces le damos más importancia.
Ciertamente, a nuestro alrededor hay muchas bendiciones del Señor y a veces no las vemos. Aunque la cruz nos cueste, aunque la carga sea pesada, bien sabes que Jesús te acompaña.
Me contaba alguien que tenía a su hijo muy enfermo. Pero también me decía que confiaba en la Misericordia de Dios. Me compartía cómo se entregaba completamente a su voluntad. Esta persona recurrió a mí para consuelo, pero el consolado fui yo. Así actúa el Señor. Mientras más damos, más recibimos.
En este Adviento, el Señor nos pide sacar de nuestro corazón aquello que no es de Él. Anda, confía.
Señor, ayúdame a ser más como San José.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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