Hoy comienza un nuevo año litúrgico con la celebración del Primer Domingo de Adviento. El Evangelio está tomado de san Lucas 21, 25-28. 34-36 y nos presenta la gloriosa venida del Hijo del hombre.

Pero, ¿qué relación tiene esto con el Adviento? Bueno, en este Tiempo nos preparamos para celebrar la primera venida de Jesús. Pero también se nos llama a reflexionar sobre su segunda venida.
Debemos estar conscientes de lo que experimentaremos el día glorioso de su regreso, sin olvidar que debemos celebrar su primera venida como se debe. Esto es, sacando tiempo para reflexionar y hacer los cambios que el Señor me está llamando a hacer. O sea, dejar que su Palabra nos toque y nos transforme.
Dice la Palabra: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día.»
Dice también san Lucas: «estad siempre despiertos», y no creo que se refiera a estar de fiesta en fiesta. Sino a que este es un tiempo de preparación, de expectación y de espera alegre. Tiempo de recogernos un poco, de desacelerar el paso, aunque parezca imposible, para mirar nuestro interior. Busca, revisa, limpia tu interior, porque pronto viene el Niño, que quiere renacer en tu corazón.
Estamos llamados a dar pasos pequeños pero firmes y tomar la decisión de amar a Jesús cada día. Ante las tentaciones, Él nos invita a perseverar. Ante el sufrimiento, Él nos invita a cargar la cruz con alegría.
Hermanos, este Evangelio me llena de esperanza porque sé que no estoy solo. Que, ante tantas situaciones difíciles, Jesús camina a mi lado siempre. Dice el Salmo 24: «A ti, Señor, levanto mi alma.»
Señor, ayúdame a ser más como San José.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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