Recientemente escuché una reflexión y decía que cuando perdemos la fe, convertimos la Liturgia en una fiesta, la Pastoral en entretenimiento, la dirección espiritual en psicoterapia, la santidad en ética, y la oración en un mero consumo de experiencias sentimentales. Entonces, hay que preguntarse, ¿tenemos fe realmente? O más bien, ¿pongo mi fe en mis proyectos? Bueno para meditar.

Hoy celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. El Evangelio, tomado de San Lucas 9, 11-17, narra el milagro en el que Jesús da de comer a miles de personas. Dice la Palabra: «Comieron todos y se saciaron.»
¿Se había olvidado Jesús de aquella gente? Claro que no. Quería mostrarles todo el amor que tenía por ellos. Su objetivo no era simplemente curarlos de sus dolencias. Jesús, el Pastor compasivo y bondadoso, quería pasar más tiempo con ellos, quería compartir una comida. Hoy, nos enfocamos en la bondad de Jesús, que nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre.
Muchos santos hablan sobre la Eucaristía y la describen como un encuentro que no se trata de grandes gestas o virtudes perfectas, sino de pequeños actos de amor y humildad que abren el corazón a la gracia divina. La Eucaristía es una forma de unión con Cristo, que transforma nuestra vida.
Santa Teresa del Niño Jesús lo describe: “Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad.” Añade: “La Eucaristía, un beso de Jesús a mi alma.”
Jesús te alimenta y es quien puede satisfacer todas tus necesidades. Él es quien puede llenar tu corazón de paz, de perdón y saciarte. Recibe el beso de Jesús con alegría.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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