Te invito a hacerte la siguiente pregunta: ¿Quién reina en mi vida? Profundiza en la respuesta y sé sincero contigo mismo. Fíjate que la pregunta no es quién reina en el mundo o en la vida de los demás, la pregunta va dirigida específicamente a ti.

Pregúntate también, ¿quién establece el plan, las metas y las prioridades de mi vida? ¿Es Cristo mi Rey y Señor?
Sigamos, ¿vivo para mí mismo y mi propia satisfacción o vivo para el Señor? ¿Estoy consciente de que existe el cielo? ¿Aspiro a llegar allí? ¿Qué estoy haciendo para lograrlo?
Hoy es la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, y el Evangelio está tomado de San Lucas 23, 35-43. Dice uno de los crucificados: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»
Hermanos, la realeza de Jesús es muy diferente a la del mundo. Él no viene a dominar, sino a servir. Jesús llega sin deseo de fama, ni reconocimiento humano, ni grandeza terrenal. Y nosotros, ¿podemos controlar nuestros deseos de aceptación y aprobación?
Cuando Jesús reina en el corazón de una persona, lo libera del fanatismo, de la hipocresía, del individualismo, de la búsqueda de poder y de la gratificación instantánea. Su reino no es opresivo. La prueba de que Él es nuestro Rey es el desapego que logramos de las cosas del mundo.
Cuando aceptamos a Cristo Rey, no perdemos nada, sino que ganamos dignidad. Cuando aceptamos el señorío de Jesús, nuestra vida adquiere sentido, nuestro corazón se llena de paz y aprendemos a gobernar nuestros vicios. Para que al final podamos decir: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Y esperemos la hermosa respuesta de Jesús: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»
¡Viva Cristo Rey!
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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