
Un cuento de José María Pemán que dice así:
Julián Arrondo, funcionario de un ministerio, decide pasar una Cuaresma sin fumar. Le parece que puede ser una buena inversión para la otra vida.
Ya la noche del martes, víspera al Miércoles de Ceniza, se acuesta, nervioso y malhumorado, exclamando:
— Esta noche no voy a dormir.
— No vamos a dormir, corea pacientemente su mujer.
A lo largo de la Cuaresma, su genio se va agriando y aumenta su aspereza y malhumor. Y, en la misma proporción, crece la paciencia y el aguante de su esposa. Total que, antes de llegar la siguiente Cuaresma, la tensión le juega una mala pasada: un infarto y al Cielo.
Cuando llega, San Pedro le asigna un modesto lugar junto a la puerta. Él trata de hacer valer sus méritos penitenciales durante aquella larga Cuaresma sin fumar.
San Pedro revisa el fichero:
— Arrondo… No consta. ¡Ah, si! Aquí está. Pero mira como figura: Arrondo, Señora de Arrondo: “Aguantó a su marido sin fumar durante una Cuaresma.”
Moraleja: La penitencia que tiene méritos es la que vivimos en el amor, la paciencia y la caridad. Se trata de ofrecer mortificaciones que no mortifiquen a los demás. Debemos ayudarles a ser santos, NO santos mártires.

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