¡Feliz y bendecido año 2026!
«Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.»

Esta cita del Evangelio de hoy, tomada de San Juan 1, 1-18, resume la razón de nuestra alegría. Estamos que brincamos y saltamos, porque llegó el Niño esperado.
Una vez más, contemplemos la escena. María, José, el Niño y los demás. Allí las condiciones no eran fáciles. José y María se las vieron difíciles para darle el mejor lugar al Niño. De hecho, sabemos que estaban en un establo, con la pestilencia típica del lugar. Allí no había lujos ni comodidades. De seguro que no era lo que ellos tenían pensado, pero era el plan de Dios.
Allí se llevaba a cabo un hermoso y trascendental momento para la humanidad. María y José se entregaron con sencillez y confiaron en la promesa. Sabían que todo sucedería según la voluntad de Dios y conforme a su poder.
A veces nos cuesta dejar que Dios obre en nuestras vidas. Pedimos y pedimos y no nos damos cuenta de que Dios nos está contestando, pero con algo distinto a lo que pedimos. A lo que debemos responder con la misma sencillez y confianza que lo hicieron María y José.
Dijo en una ocasión el Papa Francisco, de feliz memoria: “Si realmente queremos celebrar la Navidad, redescubramos a través del Pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo.”
Que este nuevo año nos traiga la paz deseada, que bien sabemos, sólo viene de Dios. Durante la Misa hoy, dile a Jesús cuánto lo amas. ¿Qué más quieres decirle? Anda, dile con confianza que Él está escuchando.
¡Que esta no sea una Navidad más!
¡Adelante con fe!
Diácono Richie

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