Misericordiosos como el Padre

La misericordia, la compasión, la solidaridad, la empatía, la caridad, la sensibilidad de ponernos en los zapatos del otro que sufre y sentirnos movidos a hacer algo para ayudarle… todas estas son mociones del corazón que no dependen de nuestro prójimo, sino que dependen de nosotros y de cuanta bondad hay en nuestros corazones.

Se acerca el final del Año de la Misericordia, y conviene que reflexionemos una vez más sobre lo que ha sido nuestro lema durante estos pasados meses.

“Misericordiosos como el Padre” (Lucas 6, 36).

Esta es la invitación que Jesús nos hace a que vivamos, en nuestra propia vida, la más grande y perfecta de las cualidades que Dios tiene: la Misericordia. Pero es importante que entendamos algo. Cuando Dios es Misericordioso, Él no mira si yo soy rico o pobre… si sufro mucho o si sufro poco… si mi dolor es causado por otro o si soy yo mismo, con mis actitudes, quien me lo autoinflijo… Dios no hace diferencias porque su Misericordia no depende de mí o de mi situación o de mi sufrimiento; su Misericordia depende solamente de su Corazón y su capacidad de amar con amor perfecto a todo y a todos.

De eso se trataba este año que termina y, en cierta medida, de eso también nos habla el video que les comparto hoy. En nuestra sociedad existe una doble vara para medir a unos y a otros. Lo hacemos inconcientemente. Nos sentimos movidos a ayudar a aquellos con los que simpatizamos. Pero nos cuesta, a veces al extremo de ignorarlos por completo, ayudar a aquellos con los que no nos sentimos relacionados.

La niña del video se presenta de dos maneras: como una niña de una familia “acomodada” y como una niña pobre. Ambas están solas. Ambas parecen estar perdidas. Pero mientras nos identificamos con la niña rica y salimos prestos a ayudarla; estamos pre-programados para ignorar a la niña pobre. Algunos, incluso, llegan al extremo se sentirse “ofendidos” por su sola presencia.

Dios no hace excepción de personas. Si lo hiciera, ninguno de nosotros sería digno de su amor y su misericordia. Sin embargo, Jesús le dijo a Santa Faustina que mientras mayor es nuestra miseria y más grande nuestro pecado, mayor es nuestros “derecho” a su Misericordia. Si siguiéramos ese modelo, deberíamos haber corrido a socorrer la niña pobre….

Que este Año no termine sin haber internalizado esta doble moral que tenemos dentro de nosotros… porque el primer paso para romper con una actitud incorrecta, es reconocerla.

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